Ryder Cup, Los argumentos del equipo de José María Olazábal

No es ningún secreto que los equipos que Europa ha presentado a la Ryder Cup han sido, por norma general, inferiores en una comparación jugador por jugador. Los americanos acostumbraban a ganar majors, la mayoría de torneos regulares y copaban las primeras posiciones en el Ranking Mundial. Sin embargo, un grupo de jugadores encabezado por Severiano Ballesteros demostraron que en esta competición pocas cosas importan más que la fe en la victoria. Solo sabiéndose ganadores antes de la competición comenzaron a reducir distancias. Desde 1983, en que se quedaron a un solo punto del empate, hasta 1985 en The Belfry, donde por fin el viejo continente se hacía con la victoria.

El espíritu y la forma de afrontar la competición se han mantenido desde entonces y los resultados han demostrado que es efectivo. Desde aquel año se han disputado trece ediciones y Europa ha conseguido la victoria en nueve de ellas, en lo que se empieza a considerar como un dominio virtual de la competición. Un gran juego por parejas, sobre todo en Foursomes, suele ser la principal virtud de los europeos, que han obligado a sus rivales a llegar al último día con la obligación de remontar en los enfrentamientos individuales.

La última edición, disputada en Celtic Manor, supuso un cambio respecto a la evolución natural de sus jugadores. Desde aquella victoria vimos como Ian Poulter, Luke Donald, Lee Westwood o Martin Kaymer desplegaban el mejor golf de sus carreras, en lo que terminó denominándose el “Efecto Ryder”. Los protagonistas de aquel torneo en 2010 se crecieron al vencer a los que hasta entonces eran considerados como mejores jugadores del mundo, y asaltaron toda clase de competiciones a lo largo y ancho del globo. Westwood, Kaymer y Donald llegaron al número uno del Ranking Mundial que, desde entonces, siempre ha estado ocupado por un jugador europeo.

Se producía un cambio de paradigma que desemboca en esta nueva edición. Ahora el mejor del mundo es un chico de 23 años con un talento desmedido, un osado que decidió recoger el testigo que Tiger Woods dejó libre hace un par de temporadas. Nadie lo esperaba tras aquel partido que ganó Graeme McDowell. Echando un vistazo al Ranking nos encontramos con McIlroy (1º), Donald (3º), Westwood (4º) y Justin Rose (5º), en lo que supone el mayor dominio que el golf europeo ha impuesto en su historia.

Por una lado contamos con un combinado poderoso y por otro el de un equipo herido. Si bien es cierto que los europeos han contado con más protagonismo durante los dos últimos años, los americanos no han bajado un ápice su excelso nivel de juego. Se reparten constantemente las victorias en el PGA Tour, ganan majors y en Medinah contarán con un peligro adicional: el de recuperar un trofeo que sienten que les pertenece. Europa cuenta con más líderes que nunca. El emocional es Jose María Olazábal, germen del espíritu que tantos éxitos le ha dado a su equipo en esta competición, mientras que los generales son Westwood, Donald, G-Mac, Poulter y un desatado McIlroy. Ellos son los que marcaran en buena medida las tendencias positivas de su equipo y los primeros que levantarán la mano cuando los resultados se tuerzan, avivando al resto de sus compañeros a sacar lo mejor de sí mismos.

Nunca Europa ha partido como favorita jugando en Estados Unidos pero este equipo es probablemente el que más cara ha podido plantarle al americano durante las últimas ediciones.

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