McIlroy, primera victoria de la temporada 2013, en el Australian Open

Rory McIlroy en el Australian Open. Foto: Rory Foundation

El joven norirlandés no había parado de jugar, de trabajar y esforzarse por cumplir su sueño desde los siete años. Hasta los 23 había estado soñando con ese númer uno, con llegar a la gloria y con alcanzar los sueños que sus ídolos habían cumplido antes.

No debe ser fácil lograrlo todo cuando todavía te queda toda la vida por delante y McIlroy no fue una excepción. Llegado a la cumbre, una vez más, se cumplió la famosa frase de que “Lo difícil no es llegar sino mantenerse”. Y una vez arriba McIlroy empezó a caer lentamente pero sin pausa. Primero fueron los palos, luego su novia, luego su, en teoría, falta de entrenamiento, su falta de victorias, su descenso en el Ranking Mundial, su cambio de manager, etc., etc.

Pero este domingo en Australia McIlroy se agarró a una rama que salía de la pendiente y de repente se paró. Una caida evitada en este 2013 que se cerrará para él con una victoria salvadora, quizá no muy importante es verdad, pero válida al cien por cien sobre todo porque ha derrotado en casa a un Adam Scott que ha cerrado a pesar de la derrota la mejor temporada de su vida con cuatro victorias, un segundo puesto en el Ranking Mundial y más cerca que nunca del inalcanzable Tiger Woods.

En 2014 veremos, seguro, un nuevo Rory McIlroy con más ilusión, con más trabajo y con la experiencia de haber vivido este año lo peor de su carrera en el campo de juego. Ahora, seguro también, los nuevos palos serán una maravilla, su vida se reordenará sola y los triunfos volverán a llegar. Lo del número uno está más complicado. Ya no está sólo Tiger. Scott anda por ahí a la caza de la cima y el en el camino de la gloria hay más piedras que sortear. Veremos si Rory es capaz de seguir subiendo su cuesta particular y si es capaz de encontrar más ramas a las que cogerse.

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