El US Open

Pocas fuerzas son tan destructivas como la que genera el US Open. El torneo más duro del mundo pone a prueba, más que las habilidades de los golfistas, la fortaleza mental de un, aparente, exclusivo grupo de jugadores que acuden a defender su dignidad al Olympic Club de San Francisco, manipulado hasta los límites permitidos por la naturaleza. Aparente, porque los 18 hoyos que ha preparado la USGA (Federación Estadounidense de Golf) desafían a la élite de un deporte poco predispuesto a sufrir. Tal es el horror de ‘greenes’ duros y rápidos, calles estrechas y ‘roughs’ demoledores, que hasta han asustado al todopoderoso Tiger Woods: «Va a ser un infierno». «Será el US Open más duro de la historia», dicen desde la USGA, cabreada tras el paseo el año pasado de Rory McIlroy en Congressional, donde el norirlandés batió el récord de golpes.

El Olympic Club, que no alberga el US Open desde que Lee Janzen lo ganase en 1998, no esconde ninguna de las crueldades que tiene. Es más, desde el primer hoyo, un tenebroso par 4 de 476 metros, aguarda en cada esquina, en cada golpe, con un ‘generoso’ plus para el primero que falle. El resto del campo es sólo una barbarie más contra los golfistas. Pocos hoyos están preparados para hacer ‘birdies’. Ni siquiera el 7, un par 4 extremadamente corto de 260 metros, pero con un ‘green’ protegido por una muralla de ‘rough’ de casi 15 centímetros de alto. «En los seis primeros hoyos, será un logro acabar +2», comenta Mike David, director ejecutivo de la USGA y diseñador de la venganza.

Tras la muerte casi segura, el campo sólo claudica en los hoyos finales, donde, por fin, aparecen los dos únicos pares 5 del recorrido. Como si la maldad del diseñador se hubiera terminado, el ‘sprint’ final permite respirar a los golfistas y sólo aprieta con el tremendo par 5 del 16: una eterna calle verde de 612 metros, el hoyo más largo de la historia del US Open. Un final digno, que adornará más de una vuelta.

Los favoritos

Por si fuera poco, la historia del Olympic Club siempre se ha ensañado con los teóricos favoritos. Alguien dijo que el Olympic Club es el campo donde los campeones van a morir; en las cuatro ediciones anteriores en que el US Open visitó el terrible campo de San Francisco, grandes nombres hincaron la rodilla ante este noble monstruo. Ni Ben Hogan ni Arnold Palmer ni Tom Watson, ni Payne Stewart fueron capaces de aguantar el ritmo del recorrido. Por eso, y con algunos de los favoritos en dudosa forma, el Olympic Club parece más propenso a la sorpresa que nunca, con 156 participantes hambrientos. Como dice Davis: «Algo mágico pasa siempre en el Olympic Club». De momento, ha traído la participación de un niño de 14 años: Andy Zhang.

Tiger Woods, eterno candidato, viene de ganar el Memorial Tournament. Este dato sería suficiente para situar al californiano como principal favorito al título final, pero dos semanas antes del Masters de Augusta, también ganó un torneo (Arnold Palmer Invitational) y cuando peleó por la Chaqueta Verde, Tiger se deprimió y dejó su peor participación en el campeonato.

Frente a él, el nuevo príncipe del golf: Rory McIlroy. El norirlandés conquistó el cetro mundial hace apenas dos meses con exhibiciones allá por donde iba. Desde entonces, se ha perdido en una intensa lucha con Luke Donald, que el inglés, de momento, le está ganando. Todo ello, ha sacado de quicio a McIlroy, defensor del título y culpable del infierno que ha preparado la USGA. Tres cortes seguidos fallados (hasta la semana pasada, que por fin jugó el fin de semana en Memphis), nervios a flor de piel, un palo lanzado por los aires, etc.

Por lo demás, Luke Donald, número uno del mundo, Lee Westwood, campeón la semana pasada en Suecia, Dustin Johnson, vencedor en Memphis, Phil Mickelson, cinco veces segundo en el US Open, y Bubba Watson, maestro, entre otros, prometen un tremendo espectáculo. Por ahí, aparecen cinco españoles. El primero, por ránking y experiencia, es Sergio García. El de Castellón se presenta tras un tercer puesto en Suecia y con un nivel extraordinario durante todo el año. Álvaro Quirós, Miguel Ángel Jiménez, Gonzalo Fernández-Castaño y Rafael Cabrera-Bello, completan una nutrida y espectacular participación española en San Francisco.

Fernando López de Lorenzo

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