El Dubai Desert Classic mantiene un precioso e inalterable idilio con el golf español

El Dubai Desert Classic mantiene un precioso e inalterable idilio con el golf español. Mucho se ha hablado de las tres victorias españolas en las tres últimas ediciones…

Pero hay más. Para empezar, claro, otros dos triunfos, el de Seve en 1992 y el de Olazábal en 1998. Eso sin contar la larga nómina de puestos de privilegio cosechada por la Armada desde 1989, año de la primera edición, hasta nuestros días.

Aquella magia que desprendía el Emirates Golf Club en los inicios, cuando era un auténtico oasis en mitad del desierto y absolutamente ningún rascacielos lo circundaba, aún perdura de algún modo y se ha enganchado misteriosamente a las raíces del golf español.

Aquí Jiménez ganó a Lee Westwood en un desempate después de tener casi perdido el torneo dos veces. Aquí Quirós cantó victoria con dos triples bogeys en sus tarjetas de la semana y un hoyo en uno el domingo. Aquí Rafa Cabrera se sintió inspirado para buscar un milagro en el hoyo 16 del domingo…

Pero hay un hecho que quizá sobrecoja más que el resto, un guiño magnífico de esta magia del desierto dubaití: fue en el Emirates Golf Club donde Severiano Ballesteros consiguió en 1998 el último top-ten de su carrera en un torneo del circuito europeo. El último de una extensa y abrumadora lista de 170. Quedó en décima posición tras un domingo muy ventoso en el que José María Olazábal gobernó mejor que nadie la situación para alzarse con la victoria. Aquel 1 de marzo del 98 Seve todavía anduvo majestuoso hacia el tee del hoyo 1, cuatro partidos por delante del partido estelar. Todavía sintió que podía arrancar un triunfo que al final se llevó su discípulo predilecto.

Magia del Emirates. Porque aquella semana de finales de febrero y primeros de marzo del año 98, Chema lo pasó realmente mal, enfermo, con temperaturas en el termómetro que alcanzaron los 41 grados… El médico, de hecho, le aconsejó que no saliera a jugar el jueves. Pero Olazábal no hizo caso. El resto es historia.

Mañana comienza la acción, con dos españoles en el primer partido que sale por cada tee, Campillo y Garrido. Y con todas las miradas puestas en Sergio García, sin duda uno de los grandes favoritos. El ganador de la semana pasada, Chris Wood, confesaba hoy que aún se recordaba a sí mismo en The Belfry, año 2002, mirando a Sergio en el putting green durante la Ryder y pensando ‘quiero ser como él’. Las fotos de dos estrellas estaban colocadas en el cuaderno de apuntes de aquel joven aspirante inglés (por entonces tenía 14 ó 15 años): una era de Tiger y la otra de García.

Las previsiones del tiempo, por cierto, han mejorado sensiblemente a las dictadas a principios de la semana. El viento va a soplar, pero sin llegar a las rachas de cuarenta kilómetros por hora quel legaron a preverse. Será algo más llevadero.

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